Son las 15:00 del 28 de junio del 2010 en Rapa Nui y 3 jeeps pasan con una bandera brasileña, la cara pintada verde y amarilla y gritando por Brasil. Podría imaginarme ese cuadro en el centro de Santiago y claramente que ese auto saldría con más de alguna abolladura, vidrio roto o algo peor. Aquí, muchos de los locales miran con simpatía este acto y algunos Rapa hasta los aplauden.

A mí me hierve la sangre, y un amigo local me golpea el hombro y se ríe de mi frustración. Este rincón de Chile, creo yo es uno de los pocos lugares dentro del territorio nacional en el que todos no se encuentran alentando a la Roja.

Antes de que comenzara la disputa con Honduras, habían isleños alentando a los centroamericanos aunque no tuvieran ni siquiera un familiar en ese país. Pero cuando ganó Chile, muchos se sumaron a la caravana para celebrar el triunfo de Chile. En el partido que perdimos contra España, muchos amigos isleños se reían de la selección y aplaudían a los europeos, aunque cuando se supo que la selección había clasificado, la celebración fue general.

Todas estas contradicciones me hicieron preferir ver el partido contra Brasil con personas que estuvieran realmente comprometidas con la Roja, pero claro que terminé en la caleta, al lado de un curanto (que, aunque Chile estaba jugando, estaba lleno de personas esperando por comida y se estaban perdiendo el partido). Cuando Brasil metió el primer gol, muchos nos tomamos la cabeza y la cara se nos desfiguró, pero la mayoría de los locales se mantenían serenos y observando la frustración de nosotros.

Le pregunté a un amigo ¿qué pasaría si un Rapa estuviera jugando en la selección? Me respondió que sólo cuando la isla tuviera su selección propia, a él le interesaría el Mundial y se sentiría realmente involucrado con la Copa del Mundo.

Miré a mi alrededor y habían muchas personas esperando el curanto, muchos jóvenes surfeando; sólo pude imaginarme Santiago paralizado ante las pantallas de televisión. Aquí la vida transcurría normalmente para algunos, mientras otros nos sincronizamos en tiempo y espacio alentando a Chile, sintiendo orgullo de que nuestro país estuviera en el Mundial, perdiendo la voz gritando cada victoria de Chile, y apretando nuestro corazón cuando nos tuvimos que despedir ante el país que tiene el mejor fútbol.

Estoy en Chile, pero el sentimiento de desarraigo con el continente es muy fuerte, hay mucho resentimiento por el poco respeto que se le ha tenido a la cultura Rapa Nui; hoy se refleja fuertemente en una ocasión en que todo Chile debiera unirse tri-continentalmente.

Por Pia